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04:21h. domingo, 20 de junio de 2021

TIEMPOS FINALES

Polémica: Sacan al mercado el feto de juguete que compite con las Barbies

MÉXICO.- Uno de los juguetes más vendidos en México es un cigoto: la célula huevo que resulta de la fecundación convertida en muñeco. Se llama Ksi-merito, algo así como casi bebé.
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El siniestro marketing esta dirigido a las niñas que deben alimentarlo a través de una sonda llamada cordón umbilical con el “Ksi-suerito” mientras permanecen en una incubadora.

En una de sus publicidades, que tiene miles de reproducciones, seis niñas vestidas de mujeres de la década del ’50 cantan: “Tengo que cuidar a mi Ksi-merito, es tan frágil él porque es el más chiquito. No lo saques de la incubadora, porque sin tu amor no se mejora … Es el cigoto más chico de Neonatitlán”, mientras se las muestra en la cocina, la peluquería, un supermercado o un club tomando sol.

Neonatitlán es el planeta imaginario del que provienen: los Ksi-meritos llegan a la Tierra para ser adoptados, esa es la idea que propone el juguete, una de las creaciones más exitosas de la marca mexicana Distroller. Se comercializa con gran popularidad también en España –donde tiene su propia versión, las Bellies–, Estados Unidos y otros países de Latinoamérica.

En Argentina se pueden conseguir por Mercado Libre (originales y copias), pero la empresa no los distribuye. ¿Quién está detrás de este juguete que refuerza la idea de la vida desde la fecundación y es cuestionado por los estereotipos de género que promueve? ¿Es puro negocio o tiene intenciones de consolidar desde la niñez creencias contrarias a la despenalización del aborto?

En México se venden hace varios años. En algún momento se los criticó pero los cuestionamientos no pasaron a mayores. La madre de su creadora es una filántropa conocida por apoyar organizaciones del movimiento de mujeres, entre ellas una con larga trayectoria en la lucha por la despenalización del aborto.


¿Cómo son?

Los Ksi-meritos forman parte de una gama de muñecos llamados “Neonatos”. Tienen desde hace años su propia canción, muy pegadiza por cierto, que dice, entre otra cosas: “¿Y qué es un sigoto (sic)? … es casi un neonato, es como un pancito que se va medio a hornear … requiere cuidados y los cariñitos que tú les puedas dar … trátalo con ternura porque es un ser especial. Quiero ser mami de un sigoto lindo que pueda cuidar…”.

En la descripción oficial de la marca aseguran haber recreado “la experiencia de los Neonatos”, con el propósito de ofrecer entretenimiento y diversión, y de contribuir, además, “a la creación de hábitos y juegos que creen una conciencia de cuidado y responsabilidad en los niños”. Y se agrega, para que no queden dudas: “Queremos que desde pequeños aprendan a darle valor a un ser vivo, a cuidarlo, y a que disfruten de un juego sano”.

Es decir, los Ksi-meritos buscan crear conciencia en los niños –mejor dicho, en niñas– de la importancia de cuidar al bebé desde mucho antes del nacimiento.

Casualmente ¿o no? aparecieron algunos años después de que se despenalizara el aborto en las primeras 12 semanas de gestación en la ciudad de México en 2007, y cuando a partir de ese cambio legal comenzaron a aprobarse reformas en las constituciones de casi una veintena de estados del país para incluir cláusulas anti-aborto y proteger la vida desde la concepción, y así impedir que se avanzara en la ampliación del derecho a una interrupción voluntaria de embarazo.

Una de los últimos lanzamientos de la gama de Neonatos son los “Aquameritos”, una nueva especie que nace de “gluevos” (sic): hay que ponerlos en agua “para obtener la maduración perfecta” y así puedan terminar su desarrollo y nacer.

¿Quién los inventó?

La dueña de Distroller, la empresa fabricante de estos simpáticos muñecos de colores pastel, es Amparín Serrano. Nacida en 1965, Amparín pertenece a una de las familias más ricas de México: es nieta por parte materna de Manuel Espinosa Yglesias fundador del imperio financiero Bancomer y por rama paterna, del ingeniero Julio Serrano Pie de Casas fundador de una poderosa cementera. “Se trata de una familia “antiderechos”, comenta a este diario una activista feminista mexicana.

Amparín es egresada de la carrera de diseño de la Universidad Anáhuac, de Los Legionarios de Cristo, congregación católica conocida por los abusos sexuales cometidos por su fundador Marcial Maciel, que ha contado con la protección y el perdón del Vaticano.El primer gran éxito de la marca Distroller fue, en realidad, un diseño de la propia Amparin de la Virgen de Guadalupe, ícono religioso en México.

Lo curioso en esta historia es que la madre de Amparín, Amparo Espinosa Rugarcía, es una reconocida filántropa que a lo largo de su vida ha apoyado la lucha por los derechos de las mujeres y ha sido una de las fundadoras de Católicas por el Derecho a Decidir, en México, organización que viene hace años militando por la legalización del aborto en ese país. Doña Amparo se convirtió con el tiempo en activa defensora de la muerte digna. Siempre apoyó a su hija. Por esa razón, hay feministas que prefieren no criticar públicamente a la marca y sus controvertidos muñecos.

Fuente: Noticias cristianas