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06:41h. miércoles, 30 de septiembre de 2020

ACTUALIDAD

La Pandemia del temor

Entre las enfermedades actuales más perjudiciales hay una que afecta a miles de millones de personas por todo el mundo, incluso más que la temible COVID-19 que está causando miles de muertos. Esa es: la pandemia del miedo ¿Cómo vencerlo?
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El temor al contagio y el uso de palabras que parecen cargar tanto peso como “pandemia”, está llevando a algunas personas a un estado de ansiedad que se va incrementando con la presencia constante del coronavirus en las noticias y en las conversaciones del entorno público y familiar.

El primer efecto del temor es la calidad del sueño, porque las personas se llevan las preocupaciones a la cama. El temor o miedo afecta, también, el sistema nervioso y digestivo; quienes están en un estado permanente de preocupación corren el riesgo de que se debilite su sistema inmunológico. La mente tiene una poderosa influencia sobre los sistemas biológicos.

El escritor norteamericano Mark Twain, dice: “Soy un hombre viejo y he enfrentado numerosas preocupaciones en la vida, pero la mayoría de ellas no ocurrieron”. Las personas suelen preocuparse demasiado antes de enfrentar situaciones graves.

Así que en esta oportunidad quiero considerar algo que toca a cada uno de nosotros, de una manera u otra: el miedo a una enfermedad seria. La misionera Isobel Kuhn, escribió un libro titulado “En la arena”. Ella relata cómo sus adversidades y problemas se habían convertido en plataformas para que el Señor la use para testificar y ministrar.

Cuando ella perdió la salud con el cáncer de mama, dice que su impulso natural fue darse al pánico en todo momento, imaginando complicaciones; si tosía, pensaba que tenía cáncer de pulmón; cada espasmo y picazón instantáneamente lo interpretaba como un nuevo y lúgubre enemigo cuando en realidad, era miedo a lo desconocido.

 EL ORIGEN DEL MAL

Todo comenzó en el huerto del Edén cuando Dios creó a Adán y a Eva en un estado de perfecta salud. Cuando ellos pecaron, el orden de la naturaleza quedó trastornado, y la enfermedad se convirtió en una realidad y la muerte una inevitable experiencia.

El temor a que la enfermedad entre en nuestras vidas es lo que envía un latido de pánico a nuestros corazones, la expresión de la cara del doctor, o un retorcijón en el pecho puede ser tan escalofriante.

Las enfermedades afectan de diversa manera al ser humano. Puede desvalijarlo financieramente y causar toda clase de incomodidades incluyendo la aprensión de perder la independencia o convertirse en en carga para otros, y eso sin mencionar la posibilidad de morirse.

La enfermedad y el dolor destruyen el sentido de bienestar y puede quitar toda dignidad al hombre o a la mujer en un tiempo muy breve, convirtiéndolo en un ser desvalido y mentalmente muy débil.

 ¿QUÉ HACER?

Controle su mente. Los periodos de enfermedad pueden ser tiempos de victoria; todo empieza con nuestra propia actitud. “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; Mas ¿quién soportará al ánimo angustiado? (Proverbios 18:14). Para salir de la enfermedad es de vital importancia mantener un buen ánimo.

Lo que necesitamos a fin de sobrevivir y ser victoriosos es controlar nuestra mente. Pida a Dios una mente disciplinada, busque un conjunto de pasajes bíblicos que son palabras de esperanza que aliena el ánimo para poder avanzar. 

Cuente sus bendiciones

 “Dad gracias en todo” (1Tesalonicenses 5:18), no dice “por todo”, pero si dice “en todo”. Cuando se está enfermo uno debe tener un espíritu de gratitud, que le ayudará más que cualquier otra cosa.

En uno de sus libros la escritora Amy Carmichael, dice que, vivir con el dolor y la enfermedad es como ir de excursión por un terreno montañoso, incluso cuando el pasaje es lúgubre y no es nada más que rocas peladas; si se sigue observando en medio de las piedras, en las grietas y en las aberturas, hallará las brillantes y diminutas flores llamadas “nomeolvides” que están esperando que se les recoja entre las escabrosas piedras de la enfermedad.

¿Por qué debería uno estar agradecido?, aunque estamos enfermos podemos regocijarnos en DIOS , en la estrofa de una alabanza que nos viene a la mente, en el versículo bíblico que aparece en el calendario, en el rayo de luz que se abre paso por la ventana. No será fácil,pero es esencial para mantener nuestra salud espiritual y nuestra actitud saludable, sin que importe lo que tenga lugar en nuestros cuerpos.

Aprópiese de las promesas de Dios

En Juan 11:4. Recuerden que Lázaro estaba enfermo y había enviado llamar a Jesús, y antes de que Él viniera Lázaro murió. Leemos: “Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios…”.

Jesús dijo esas palabras después de oír que su amigo Lázaro estaba enfermo. Para cuando Jesús llegó ya había estado en la tumba cuatro días. Todo lo que nos suceda será una plataforma para la gloria de Dios.

Para el creyente genuino nuestra enfermedad nunca termina en la muerte, tal vez incluya la muerte, pero sabemos que no es el fin, y que hay vida después de la muerte, una vida gloriosa que no se parece en nada a lo experimentado en esta Tierra. Considere su futuro, Jesús dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros…” ( Juan 14:2-3). Si el Cielo es lo mejor que puede sucedernos no debemos desesperarnos, incluso en medio de las emergencias médicas y la pérdida de salud.

Si hay un tiempo cuando Dios está muy cerca es cuando se está enfermo, Él nunca le dejará ni le abandonará; pero aprendemos mediante nuestro quebrantamiento lo que jamás aprenderíamos estando sanos. Dios usa nuestra enfermedad y dolor para Su gloria y para nuestro bien. Y puedo decir con autoridad: ¡No tenga miedo! “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Siga con su trabajo

Efesios 2:10 dice que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. La enfermedad tal vez cambie el tipo o intensidad en nuestro trabajo, pero mientras Dios nos tenga aquí Él tiene asignaciones para nosotros, nuestras vidas tienen valor, si tenemos un propósito.

La misionera y escritora Isobel Kuhn descubrió que era mejor estar lo más ocupada que pudiera, aunque estaba confinada a la cama; todas las mañanas trazaba su horario para que encajara dentro de los límites de su fuerza; trabajaba en su libro, se dedicó a un ministerio de oración, leía y estudiaba, y se regocijaba en las cartas y tarjetas que le llegaban de todo el mundo.

El atravesar una adversidad a menudo nos equipa para servicio ulterior. Continúe su trabajo, determine cuánto puede hacer, porque el trabajo es terapia.

Fuente: Impacto evangélico