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20:49h. Viernes, 21 de Septiembre de 2018

CUAN DIFÍCIL ES ENTRAR EN EL REINO DE LOS CIELOS

El Joven Rico y la Vida Eterna

La salvación no es necesariamente para las personas que dicen una oración o que piensan que necesitan a Jesucristo; es para las personas que renuncian a su ego para hacer la voluntad de Dios.

Cuando el joven rico le preguntó a Jesús respecto a la salvación, nuestro Señor probó de inmediato su disposición a dejarlo todo y a seguirlo: “vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme” (Lc. 18:22). Cuando el joven rico no prestó atención a las palabras de Jesús, demostró que no estaba dispuesto a someterse al señorío de Cristo.

El Señor dijo: «Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser Mi discípulo». Esa es una verdad evidente. La salvación no es necesariamente para las personas que dicen una oración o que piensan que necesitan a Jesucristo; es para las personas que renuncian a todo. Debe haber voluntad de abandonarlo todo para que la salvación sea genuina.

El que quiera aceptar la salvación debe rendir el control de su vida al Salvador. Eso significa estar dispuesto a abandonarlo todo para seguirlo.La salvación es cambiar todo lo que usted es por todo lo que Cristo es. Por lo tanto, la fe salvadora no es simplemente un acto mental; ella calcula el costo (Lc. 14:28) y humildemente clama a Dios como lo hizo el publicano en Lucas 18:13: “Dios, sé propicio a mí, pecador”.

¿Cómo se alcanza la vida eterna? Hay que saber lo que se quiere. El hombre llegó hasta Jesús con el deseo de alcanzar la vida eterna. Sabía lo que quería, y ahí es por donde cualquiera tiene que empezar.

No se puede predicar la gracia si no se predica la ley, porque nadie puede entender lo que la gracia significa a menos que entienda lo que la ley exige. Nadie puede entender la piedad a menos que entienda la culpa. No se puede predicar un Evangelio de gracia a menos que se haya predicado un mensaje de ley. Y eso fue lo que Jesús hizo con el joven: Lo vinculó con los mandamientos de Dios. Él quería que el hombre admitiera que se había quedado por debajo de la norma divina. Jesús quería que él entendiera que él necesitaba ponerse a bien con un Dios santo y no simplemente hacer que sus necesidades psicológicas fueran satisfechas.

Fuente:Lumbrera