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11:36h. viernes, 04 de diciembre de 2020

ACTUALIDAD

¿La Iglesia digital vino para quedarse?

Desde el mes de marzo, como Iglesia hemos tenido que respetar medidas preventivas  contra el covid-19 y buscar nuevas formas de congregarnos, labor para nada sencilla, y que además nos tomó tiempo poder acostumbrarnos. ¿Será la virtualidad la nueva normalidad de hacer iglesia? ¿Estemos preparados para este tiempo del 2.0? ¿Podremos acostumbrarnos a eso?

¿Hasta cuándo vamos a ser Iglesia virtual/digital?; ¿nos podremos acostumbrar algún día a congregarnos a través de una pantalla? Y por último, ¿Qué tiene de malo esto?

Hace algunos meses llegaban rumores de que el virus Covid-19 – la palabra mas escuchada del 2020 – iba a azotar al planeta todo. Pues finalmente nos toco a los argentinos, que hace exactamente siete meses y algunos días que nos encontramos atravesando el aislamiento social y obligatorio.

Pero aún así y como consuelo Dios nos recuerda que como congregados y portadores de buenas noticias, debemos llevar el mensaje de fe, de esperanza para aquellos que están esclavizados, adictos, violentados, siendo ultrajados por un sistema depredador, y que puedan encontrar en el corazón de ese mensaje no intenciones manipuladoras sino una genuina propuesta de cambio a partir de la creencia en Jesucristo como salvador de este mundo.

Salvador que brota en los creyentes como fuente interna ante situaciones adversas. En Olavarría desde el mes de agosto el Municipio había permitido la vuelta a la presencialidad en la Iglesias cumpliendo con un estricto protocolo de seguridad; fervor que duró sólo un mes y algunos días.

El domingo 18 de octubre el Jefe de Estado Municipal en consenso con Carlos Bianco deciden restringir las actividades de culto ya que tanto las Iglesias como bares y restaurantes son los espacios con mayor circulación de personas.

Esta medida será implementada hasta el 1 de noviembre quedando así la ciudad en una fase cuatro algo restringida. Esta medida tomada por la sorprendente suba de casos de Covid-19, nos deja como Iglesia otra vez en la arena de lo digital.

Fuente: contramano